martes, 19 de junio de 2012

Dios quiere restaurar a su hijos - (17/06/2012)


Por el pastor Osvaldo D'Emilio
Lectura: Marcos 5: 21-24; 35-41

Muchos padres están preocupados por lo que pasa con sus hijos. Lo que nos brinda la sociedad no es garantía de que, a través de la educación, pueda mejorar la situación actual. A través de las vivencias de nuestros hijos vemos que nuestra preparación, en muchos casos, es limitada. Los tiempos han avanzado tanto, que nos hemos “quedado atrás”. Los peligros nos rodean a todos, pero nosotros debemos estar, con la cobertura de Dios, nuestro Padre.

En el mensaje de hoy veremos el esfuerzo de un padre por su hija. Ese esfuerzo debe ser nuestro porque son nuestros hijos, no tenemos que medir las limitaciones sino dejar de lado los impedimentos y rechazar a quienes nos dicen que bajemos los brazos. Dios es este Padre.

Jairo, el Padre que trae a Jesús a su casa. Había muchas personas que creyendo que podían ayudar, alborotaban el lugar. Lloraban y gritaban, y todo esto no traía ninguna solución, al contrario, perturbaba a los habitantes de la casa. A este padre no le importó la distancia que había, no fue a buscar lo más cercano, lo más fácil, sino que hizo el esfuerzo y salió de ese entorno, fue donde estaba Jesús, quien luego, al llegar a su casa, “echo a todos los que molestaban”.


Escuchá el mensaje completo

En este pasaje vemos a un padre que quiere que Jesús entre en su casa porque cree que solamente poniendo Él sus manos sobre su hija, ella sanará. En muchos casos el desanimo nos ataca, nos propone bajar los brazos, abandonar nuestra fe, escuchar las voces de los que nos rodean. Sin embargo, Jesús dice: “No temas Cree solamente”.

“El perfecto amor hecha afuera el temor” (1° Jn 4:17-19). Si hay algo que tenemos que echar fuera, es porque le hemos permitido entrar. Eso nos ha causado una alteración que ha afectado a toda nuestra casa. Debemos saber entender qué es lo que nos hace bien, como también qué es aquello que nos hace mal. Lo bueno, dejarlo entrar, y a lo malo, si está afuera, cerrarle la puerta, y si ha entrado, echarlo fuera.

El pasaje dice que “echando fuera a todos, entró con sus padres, y con, Pedro, Jacobo y Juan”. Pedro representa la roca, el fundamento (Mat. 16:18). Tenemos que echar bases sólidas en nuestra fe.

Jacobo se encargaba de remendar redes. Cuando éstas comenzaban a trabajar, por la fuerza que debían realizar, algunas producían un deterioro y se rompían permitiendo que se perdieran los peces que debían de pescar. Jacobo con Juan se encargaban de remendar y/o reparar esas redes, para que la pesca sea más efectiva.  Representa al que restaura las vidas, para que no se pierda nada de aquello que pueda recibir.

Juan, representa el Amor de Dios, el era “el discípulo amado”. Era el que se recostaba sobre el pecho de Jesús, el discípulo más joven, el amor de Dios a todos aquellos que le seguían, y están dispuestos a caminar con Él, sin miedo a las circunstancias que deben enfrentar.  Recordemos que Juan era el que estaba al pie de la cruz cuando Jesús fue crucificado.

“Tomando la mano de la niña le dijo “Talita cumi […] Niña a ti te digo levántate”. No te des por vencido, Jesús es el que te toma de la mano y te dice, “levántate”. Él desea que nuestra vida tenga nuevas oportunidades, Dios es el Padre que desea lo mejor para sus hijos. Sólo en Él hay esperanza. En lo personal debemos alimentarnos de Su Palabra y fortalecer nuestro espíritu.

No hay comentarios:

Publicar un comentario