martes, 3 de abril de 2012

“PONIENDO EN PRÁCTICA SU PALABRA HAY RECOMPENSA” - “En el Gimnasio de Dios” - (22/05/2011)


Lectura: Deuteronomio 11:22-25
(Aconsejo leer todo el capítulo 11)

Los consejos rara vez son bien recibidos y quienes más los necesitan, menos gustan de ellos. ¡Acabamos de leer un pasaje hermoso!  ¿A quién no le gustaría poseer todo esto que Dios ofrece?  No creo que exista alguien que lo rechace.

Tenemos al frente de nuestros ojos un cuadro sumamente llamativo, atractivo y orgulloso de poseerlo, pero para eso se necesitan algunos requisitos.

¿Cuánto nos cuesta hacer ejercicio a cada uno de nosotros? Dicen los médicos que de acuerdo al ritmo de vida que llevamos, en muchos casos el sedentarismo atrofia los músculos y por tal razón nos cuesta ser más ágiles y rápidos cuando lo necesitamos, o nos fatigamos enseguida.

Cuando entramos en los gimnasios (muchos al ver los aparatos y quienes están utilizando los mismos, ya se cansan), vemos a personas que están haciendo sus respectivos ejercicios. Usted inmediatamente nota quién es el nuevo y también quien tiene ya tiempo haciendo las rutinas de esos ejercicios.

Usted encuentra en la pared espejos para que el que se ejercita pueda ver la imagen que está formando. También observa que hay pósters de los grandes fisicoculturistas o modelos, pero  para poder llegar a tener el cuerpo de ellos usted tiene que invertir todo el tiempo y esfuerzo que ellos han tomado para conseguir lo que son ahora.  Con dejar de hacer un solo ejercicio corre el riesgo de entrar en una deformidad en el cuerpo. O se hacen todos los ejercicios o, de lo contrario, no se logra el objetivo.   De eso se trata el mensaje de éste día.  Usted ¿quiere poseer todo lo que Dios le ofrece?  Hay ciertas disciplinas que tienen que cumplirse previo a obtenerlo.

¿Se imagina usted una iglesia sin ningún desempleado, sin ningún enfermo, sin ningún endeudado, una iglesia sin ningún problema familiar? Si éste fuera el deseo de todos, tenemos las formas de poder lograrlo, y si en su totalidad no podemos lograrlo por lo menos podemos bajar el índice de todas aquellas cosas que nos hacen la vida más pesada y más difícil de vivir. Veamos lo que Dios nos recomienda hacer y lo que El nos promete que hará.

“Guardad pues todos…” (11:8). Desafortunadamente no hay forma de lograr nuestro objetivo cuando hacemos algunos. El guardarlos todos es como hacer todos los ejercicios. Les voy a dar una “Rutina Espiritual Descontracturante”:

1) Lectura de La Palabra de Dios
2) oración
3) alabanza
4) adoración
5) comunión
6) ofrendar
7) diezmar
8) visitar
9) humildad
10) sencillez
11) bendecir a las personas
12) bendecir a Dios

El guardarlos TODOS, es lo que FORTALECE.

“…y entréis y poseáis la tierra…” (11:8b). No es lo mismo entrar sin poseer que entrar y poseer. Dios nos invita a pasar y poseer la tierra, la que ya nos ha sido dada, solamente debemos tomarla.

“…y para que sean prolongados los días sobre la tierra…” (11:9). El ejercicio es lo recomendado por el Dr. para prolongar la vida. ¿Cuántos años cree usted que va a vivir? ¿Cuántos le gustaría vivir? ¿En qué invertiría esos años? ¿Viajar, comprar, disfrutar?

Comparemos la tierra en la cual vivimos y la que Dios nos ofrece (11:10-12): A Egipto era necesario sembrarle, la tierra que Dios nos da ya tiene montes y vegas, es una tierra fértil. Esa tierra Dios la cuida desde el principio del año hasta el fin.

Si hiciéramos a conciencia los ejercicios de practicar Su Palabra tendríamos respuestas en el Gimnasio de Dios (11:13-15; 11:23-25). En estos dos pasajes está el premio. No podemos hacer trampa en los ejercicios. Dios quiere que le sirvamos con todo el corazón y alma. La lluvia nunca faltará, dice el pasaje: “comerás y te saciarás”. Dominaremos a naciones más poderosas que nosotros. El enemigo de nuestras almas no podrá contra los hijos de Dios. Nadie se sostendrá delante de nosotros.

Al poner en práctica Su Palabra en el “Gimnasio de Dios”, se elimina todo peso de más que no nos deja avanzar. Dios desea que su pueblo sea fuerte, que posea y que sea victorioso, “Que reciba el fruto de su esfuerzo”. (Hebreos 12:1)

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