martes, 3 de abril de 2012

TU TIENES LA PALABRA - (17/07/2011)


Lectura: Lucas 7:1-10

Hay gente a la que le gusta hablar mucho. En estos días, y cada vez más, encontramos personas que están dispuestas a debatir. Cada una de ellas quiere hacer escuchar su pensamiento, y otras sólo tienen preguntas para hacer. En ambos casos, muchas veces están disconformes con las preguntas y respuestas que realizan. Esa disconformidad es por algo: generalmente nadie suple por completo las expectativas de las personas, hay una falta de contenido en cada una de las palabras que se expresan, y no sólo de eso, sino también de credibilidad en las personas que emiten esas palabras que escuchamos.

¿Acaso podremos encontrar palabras que cumplan con nuestras expectativas? ¿Palabras que vayan acompañadas de hechos que respondan a nuestras necesidades? En este día queremos encontrarlas, pero ¿tendremos atención para quien las dice?

En el pasaje de hoy vemos que Jesús entra en Capernaum, ciudad situada a orillas del Mar de Galilea, donde evidentemente estuvo hablando determinados temas referentes a las personas y tratando situaciones personales. Algunos creerían que ya no tenía más que decir (7:1 “terminadas todas sus palabras al pueblo…”). Pero Jesús tiene una palabra para todos, una específica para cada uno de acuerdo a su necesidad. Esa es la Palabra que tenemos que buscar. No escuchemos aquellas que nos confunden, nos irritan, o que nos desvían del verdadero camino que debemos seguir.

Observamos en la lectura que había un centurión. Era un soldado romano con cien personas a cargo, querido por los judíos. Por interés o por su bondad, la gente del pueblo fue a Jesús a rogarle que le concediera lo que necesitaba, sanidad para su siervo. Imaginen que personas de un pueblo dominado intercede por quien representa al pueblo dominante. El mismo Jesús podría haber dicho “el que pide es romano”, pero quien necesitaba era el siervo, uno de los judíos.

“Jesús fue con ellos”. No solía ir a casas de muchas personas, generalmente encontramos a Jesús caminando y yendo de un lugar a otro. Pero si entró en casa de Marta, María y Lázaro, en la de Pedro, en la de Zaqueo, en la que comió la última cena, como también cuando se retiró a la zona de Tiro y Sidón, cuando sanó a la hija de Jairo y quizás algunas más, ¿por qué no entrar en la del centurión? Este pasaje dice “y Jesús fue con ellos”, en Mateo dice “yo iré y le sanaré”. El deseo de Jesús es ir a tu casa y acercarse a tu vida. Los métodos de Jesús pueden cambiar, sus fórmulas pueden ser diferentes, pero su poder sigue siendo el mismo.

El centurión no lo dejó entrar “físicamente” en su casa, pero entró su poder. Jesús ya estaba cerca, ¿quién se habría imaginado que esto fuera posible? ¿Cómo Jesús podría escuchar a una persona que no era judía sino romana? El soldado mandó a unos amigos a que le impidieran el paso y dijo “Señor, no soy digno que entres en mi casa”. ¿Quién podría considerarse más digno que otros delante de Jesús? Siendo una persona con autoridad, reconoció a la mayor autoridad. Si logramos entender esto tendríamos más respuestas.

“Señor, di la palabra…”. ¡Qué sorpresa habrá tenido Jesús en ese momento! Le está diciendo “tu tienes la autoridad de sanar a mi siervo por la Palabra”. Esperamos esa palabra en nuestra casa, en nuestra vida. Jesús compara la fe de aquel centurión con la de toda una nación, Israel. Algunas veces decimos “cómo puede ser que la gente de la iglesia no se sane y oramos por personas que ni siquiera vienen y son sanadas, al final si no vengo más puedo llegar a ser beneficiado”. No debemos renegar de la iglesia, sino introducir fe en las personas para que lleguen a la iglesia.

¿Cuál es esa palabra? (Mateo 8:13) “Ve y como creíste te sea hecho”. Jesús declara que en la medida de nuestra fe vamos a encontrar la respuesta que necesitamos. El centurión podía haber esperado que Jesús dijera palabras de sanidad, de reprender a la enfermedad, de rechazar todo malestar y dolencia, pero no, sólo que de acuerdo a su fe pudo ser liberado el poder de Dios sobre su siervo.

Quizás algunos de nosotros estamos esperando una respuesta de parte de Jesús. Esa respuesta es en base a alguna necesidad que tenemos. Los discípulos, en un momento, le dijeron a Jesús “¿a quién iremos si sólo tu tienes palabras de vida eterna?”.

Así como el centurión, como los discípulos, esperemos una palabra de vida y de poder para nosotros en este tiempo, que conmueva nuestros corazones.

“… COMO CREÍSTE TE SEA HECHO”

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